Compré las lanas pensando en usarlas para una bufanda tejida a dos agujas, todo esto antes de siquiera saber cómo sostener dos agujas en mi mano.
¿No te pasa de adelantarte a algunas cosas sólo porque sentís que más temprano o más tarde las vas a hacer? A mí me sucede en momentos específicos y este fue uno de ellos.
El contexto es el siguiente…
Llevaba pocos meses aprendiendo a tejer a crochet, había descifrado cómo hacer algunas prendas mientras otras tantas me llamaban la atención pero aún me parecían proyectos muy grandes para embarcarme. Buscando inspiración en Pinterest las imágenes que guardaba en mis tableros comenzaron a llevarme a otras imágenes que quizá antes no veía. Los tejidos a dos agujas comenzaron aparecer en la búsqueda y también lo hizo mi interés.
Le estaba tomando la mano al crochet, implementando mejores técnicas y desbloqueando nuevas tramas. Por lo que el interés repentino de las dos agujas fue desplazado para seguir incorporando conocimiento en lo que ya estaba haciendo.
Durante mi estadía en Andorra, volví a Lola Botona en el mes de febrero con ganas de comprarme unas agujas circulares, las veía por doquier y sentí esa necesidad de aprender a usarlas. Un taller se estaba dictando cuando llegué al local, muchas mujeres y niños estaban reunidos haciendo diferentes proyectos tanto de costura como de tejido.
Mientras paseaba por mi nuevo Disney, retomé el pensamiento de tomar clases allí durante mis días libres de esta forma aprendería y cambiaría de ambiente al menos una vez a la semana rodeada de más mujeres con las que compartía pasiones.
Al acercarme al mostrador para abonar mis agujas nuevas, vi un cesto con hilados de colores bellisimos de tan hermosa calidad que no pude evitarlo, tome dos ovillos que me parecía quedarían muy bien juntos y decidí que irían a casa conmigo.
En esa compra no sólo adquirí las agujas circulares sino que también me compré las lanas pensando en usarlas para una bufanda tejida a dos agujas, todo esto antes de siquiera saber cómo sostener dos agujas en mi mano.
Ante mi curiosidad volví a consultar por los talleres, que ahora que lo pienso no estaba sólo consultando sino que me estaba reafirmando a mi misma que era buena idea anotarme en uno de ellos.
Después de una hora subiendo la montaña y aguantándome las ganas de probar las agujas, al llegar a casa busqué tutoriales de cómo comenzar a tejer con ellas.
En mi mente pensaba que sería igual que cuando aprendí a tejer a crochet, lo que no contemplé en ese momento es que son técnicas muy distintas y en algunas ocasiones el aprendizaje puede ser más complejo y quizá necesite ayuda de otros físicamente para poder entender.
En mi entusiasmo me puse de lleno a intentar sostener las agujas (que ahora eran dos y no una) y al mismo tiempo trataba de asimilar como sostener el hilado y los nuevos movimientos de las manos. No pasó mucho tiempo hasta que la frustración tomó lugar en mi. Me decía a mi misma que no podía serme tan difícil aprenderlo, si había tutoriales en línea era porque debería poder hacerlo sola.
Y he aquí una revelación que tuve (hablo desde mi experiencia) y es que teniendo un conocimiento previo en algo similar, en lo que ya te sentís confiada y ves que lo haces bien, cuando aprendes algo nuevo (que no sale a la primera y un poco te frustra) hay que tratar de evitar compararlo con eso que ya sabes, aunque esto resulte difícil.
La información, los movimientos y la concentración es otra y se supone que tiene su tiempo de asimilación.
También comprender que son técnicas muy diferentes entre sí, ambas son menos complejas en la medida que se practique y ya teniendo el conocimiento de una probablemente la otra no nos resulte tan sencillo o cómodo.
Entendí que en este caso me iba a ser más útil tomar clases para aprender a tejer porque quizá si seguía tratando de aprender presionandome tanto a mi misma, iba a abandonar las dos agujas sin siquiera haber comenzado.
Una semana después me anoté en el taller que imparten en Lola Botona. Antonia, como mi maestra me acompañó desde el inicio para que entienda bien las bases del tejido a dos agujas.
En este momento me felicito a mi misma por haber ido, sinceramente no iba a seguir con el aprendizaje si lo hacía de forma autodidacta. El estar acompañada y sentirme libre de poder equivocarme me daba aún más seguridad. De eso se trata un poco todo ¿no?. Me saque de los hombros esa presión de tener que entenderlo a la primera y fue fundamental el apoyo de Antonia y su seguimiento, desde las preguntas sobre cómo iba o cómo sentía el tejido hasta qué era aquello que me frustraba cuando me veía enfrascada pensando con el tejido en la mano y cara de confusión.
Me ayudó a entender que no hay solo una forma de aprender, que cada una tiene su forma particular de tejer, de como colocar los dedos y sostener el hilado.
En mi caso, llegué imponiéndome una forma de tejer que había visto por internet con la idea de que esa era la única forma que existía y en el taller se me alentó a entender cual era mi manera, aquella que me fuera cómoda a mi y que me sea sencilla sin necesidad de complicarme la vida.
Antonia si en algún momento lees esto, de verdad gracias por tus formas y tu enseñanza, sos una gran mentora.
Después de algunas clases comencé a practicarlo por mi cuenta en mis tiempos libres, lo hacía con una lana que no me importaba si se dañaba de tanto tejer y destejer porque de esta forma cuando me sintiera confiada con la técnica pasaría a usar esas lanas que había comprado en febrero.
Los meses pasaron y cada cierto tiempo cuando ordenaba mis lanas admiraba aquellos dos ovillos que esperaban pacientes a que un día los use. Por cuestiones de la vida y demases deje en espera las dos agujas y volví al crochet.
Un día en el transcurso del mes de Junio y poco antes de volver a Argentina, sentí el llamado de las dos agujas otra vez. Volvi a tomarlas y a practicar, lo hice con otras lanas y probando combinaciones con cambios de color. Probé con otras agujas además de las circulares y me enamoré de las agujas con doble punta.
Todos los días tejía al menos una hora, armaba y desarmaba muestras para así asimilar mejor la técnica.
No fue hasta fines de Julio y estando en Argentina que di inicio a la bufanda a dos agujas que planeé meses antes con mis ovillos a conjunto. La comencé de a poco con miedo a equivocarme pero lo hice, quizá me llevó más tiempo del que planeaba pero la tejía en momentos que sabía que iba a disfrutarlo.
Empecé una bufanda cuando el invierno se está yendo en Buenos Aires y la primavera está ingresando pero quizá no sea para este momento, sino que su uso sea más adelante y con mucho amor y orgullo de que lo hice con mis manos, a mi gusto y a mi tiempo. Con mucha paciencia y aprendizaje de por medio pero la visión estuvo mucho antes que eso. Quizá también se trate de eso, de verlo antes de poder hacerlo para que cuando el momento llegue y se tenga en las manos la satisfacción sea muchísimo más grande.
Cuando sientas ese impulso porque intuís que en un futuro próximo lo vas a aprender o saber, hacelo. Es ese pulso interno, esa vocecita que te dice “intentalo porque algo mayor trae consigo” aunque lleve tiempo desarrollarlo y tenga su sincronía o tiempo específico. Escuchá esa voz, seguis siendo vos en otro aspecto que no ves.
Gracias por leer